Hablar con Loreto

Un concepto editorial

La distancia que crece en silencio.

No siempre se parece al agotamiento. A veces se parece, simplemente, a seguir haciendo bien un trabajo del que ya no se siente parte.

Por Loreto Guzmán, Executive & Transpersonal Coach

Hay un tipo de desconexión que no hace ruido. No se manifiesta como un error evidente, ni como una baja, ni como un conflicto. Se manifiesta como una persona que sigue llegando puntual, sigue cumpliendo el procedimiento y sigue superando los checks. Mientras, por dentro, algo se ha ido apagando poco a poco. A esa desconexión progresiva la llamo desafección profesional.

¿Qué es exactamente?

La desafección profesional es la pérdida gradual del vínculo emocional con el propio rol y su propósito. No es un diagnóstico clínico ni un sinónimo de burnout: el burnout suele manifestarse como agotamiento visible, mientras que la desafección puede convivir durante mucho tiempo con un desempeño técnicamente correcto. Es, sobre todo, una forma de indiferencia progresiva: la persona sigue ahí, pero cada vez menos presente.

Por qué no siempre se ve

En entornos de alta exigencia como la aviación, el procedimiento actúa como una red que sostiene el desempeño incluso cuando la motivación personal ha bajado. Un piloto o un tripulante pueden seguir ejecutando correctamente cada paso de un procedimiento sin sentir ya la conexión con el sentido original de su profesión. Esto hace que la desafección sea, precisamente, más difícil de detectar desde fuera que el agotamiento: no interrumpe el trabajo, lo acompaña en silencio.

Por qué importa especialmente en aviación

La aviación es un entorno donde la vigilancia, la comunicación y la cohesión de equipo no son cualidades deseables: son parte de la seguridad operativa. Una persona progresivamente desconectada de su propósito puede mantener el procedimiento y, al mismo tiempo, reducir sutilmente su nivel de vigilancia activa, su disposición a comunicar una duda o su implicación real en la dinámica de la tripulación. No se trata de alarmar, sino de nombrar algo que rara vez tiene un espacio propio dentro de las conversaciones sobre rendimiento y seguridad.

Qué la alimenta

No hay una causa única. Suele tratarse de una combinación de factores que se acumulan con el tiempo: la repetición extendida de rutinas sin espacio para el sentido, la falta de reconocimiento sobre el esfuerzo real que sostiene la operación, el aislamiento propio de las rotaciones y los cambios constantes de compañeros, o la ausencia de un espacio donde procesar lo vivido antes de que se acumule. La desafección casi nunca aparece de golpe: se construye, capa a capa, en el tiempo entre una situación y la siguiente.

Qué se puede hacer

El primer paso es, sencillamente, ponerle nombre. Muchas personas que atraviesan un proceso de desafección no tienen el lenguaje para describir lo que sienten, y terminan atribuyéndolo a cansancio, a la edad o al carácter. Nombrarlo permite trabajarlo: reconectar con el sentido original de la profesión, revisar la comunicación dentro del equipo y recuperar un espacio de reflexión que la rutina operativa no suele ofrecer.

A nivel individual, este es uno de los focos habituales en los procesos de coaching para profesionales de aviación. A nivel organizacional, es un contenido que integro dentro de los programas de bienestar operativo y Human Performance para aerolíneas y operadores, como parte de una estrategia de prevención que no espera a que el desgaste se vuelva visible.

No hace falta esperar a estar agotado para merecer atención. A veces basta con notar que algo, en silencio, se ha ido alejando.

¿Te reconoces en esto, o lo reconoces en tu equipo?

Hablemos de qué forma tiene sentido trabajarlo, a nivel individual u organizacional.